Por: Eduardo Peñúñuri Terán.
Observando
la película “Salvador” me doy cuenta que la fotografía retrata , “congela” y
conserva un instante o momento de la realidad que vivimos en un lugar
específico de nuestro mundo, independientemente de la ideología que se tenga,
la forma de vida, los valores o sentimientos de las personas. La fotografía
captura instantes y hechos de la realidad existente de los seres humanos, animales
y cosas que estén frente al lente fotográfico. Para mí significa un micro-instante
de la realidad vivida de nuestro mundo o de todo el universo infinito; es
decir, una fotografía puede significar algo para alguien, pero si ese “alguien”
ya no existiera, si falleciera, la foto capturada seguiría en el mundo,
seguiría siendo parte de la realidad del planeta y muy probablemente siga significando “algo” para otras personas en la misma tierra; ¿y si esa fotografía se enviara al espacio?,
aun así seguiría teniendo un “significado” para alguien solo que ya no en la
tierra, ahora fuera de ella.
La foto por sí sola carece de
historia, será el ser humano el que le otorgue un significado, será el
historiador el que le de el valor histórico. La persona común, el investigador,
el periodista o el historiador, serán los encargados de ser la “mente
consciente” que analice, que le de coherencia a una conexión de acontecimientos
que estén alrededor de la fotografía. Siendo en el caso de la película
“Salvador”, muy difícil separar o dejar a un lado los sentimientos que puedan
influir en la interpretación de los acontecimientos.
Creo que la actitud frente a la
cámara ya sea de un periodista profesional o de cualquier persona común, es
capturar un “instante de la realidad” que sea lo más significativo no solo para
el fotógrafo, si no para todas las personas que miren la imagen. Por ese “significado” es por lo que un fotógrafo
de guerra se arriesga tanto, así como un fotógrafo de la vida salvaje posee una
paciencia enorme al esperar días en un solo lugar en condiciones adversas para
capturar unos cuantos instantes de un animal salvaje, que es o será
significativo para una parte de la sociedad.
El fotógrafo creo yo, rescata la
realidad que está frente a su lente en un período muy corto del tiempo, en
otras palabras, solo rescata la realidad en ese instante de la vida, en el
lugar y el área que pueda abarcar el lente de su aparato, pero sobre todo, a lo
que él como portador de la cámara le otorgó un significado en ese momento, por
lo tanto, escogió la dirección del lente y momento justo para hacer clic.
Pienso que la conservación física de
los documentos y materiales fotográficos
tiene un límite en el tiempo. Con ello no quiero decir que los documentos
no se puedan conservar por siempre bajo otros medios como la digitalización. A
lo que me refiero es que las fotografías en sí, impresas con papel fotográfico
ya sea del tipo antiguo o moderno, o los rollos de “negativos” utilizados en
décadas pasadas, llegarán el momento, poco
más tarde que temprano (tal vez en cientos de años), pero llegará; en el que la
imagen se deteriore a causa de los estragos del tiempo. Existen museos y otros
lugares donde se conservan los documentos y fotos importantes (con un enorme
significado para la humanidad) en cámaras “al vacío” (sin oxígeno),
resguardadas con cristales a prueba de “todo” para evitar daños a causa del
ambiente (moho, descomposición y otros factores), aun así llegará el día o los
cientos de años en que se deteriore.
En la actualidad los documentos como las fotografías, videos y otros tipos de textos, pueden ser conservados bajo la digitalización, no confundiendo el tenerlos en dispositivos como los CD’s, memorias USB o las anteriores cintas VHS, ya que éstos dispositivos tienen un tiempo de vida útil. Se pueden copiar de dispositivo en dispositivo, de tiempo en tiempo, de generación en generación, conforme vayan saliendo nuevos artefactos electrónicos para el almacenamiento de información.
Recordemos que en la antigüedad la
forma de conservar los documentos aparte de los papiros, las tablillas de
arcilla, de madera o de piedra, existían las narraciones orales de generación
en generación. Los griegos en la época arcaica tuvieron los cuentos épicos,
años más tarde, en la época clásica llegó la poesía lírica.
En los años 70’s la NASA envió
varios satélites-sondas (los Voyager) para que
recorrieran por siempre el espacio con
información del planeta tierra grabados en un disco de fonógrafo con núcleo de cobre y bañado en oro (por la mayor
duración del material al paso del tiempo), dicha información contiene imágenes
de los seres humanos, flora y fauna de la tierra, así como imágenes de los
principales personajes del planeta, música de nuestros grandes compositores,
etc. Todo esto grabado en varios idiomas.
En resumen, hoy día hay muchas más
formas de conservar y preservar documentos antiguos y recientes como fotos y
videos gracias a la era de la digitalización.
La parte de la realidad que conocen
los historiadores se define por las fuentes de información confiables obtenidas
para su investigación. Si el historiador desea contar sobre la guerra civil
librada en El Salvador y aparte de los testimonios orales y escritos de algunos
de los involucrados, quiere utilizar fotografías, éstas reflejarán sólo un
instante de la realidad en un momento específico en el tiempo; un breve
instante que el autor de la foto consideró era lo más significativo en ese
momento, mas será tarea del historiador tomar o desechar dichas fuentes y así
formarse un criterio con la finalidad de llegar a la meta trazada, que es
contar su historia. Para ello, le será difícil dejar del todo a un lado las
emociones y análisis subjetivos de las fuentes informativas, y realizar una
investigación lo más objetiva, imparcial y equitativa posible.
Los historiadores conocen solo la
parte de la realidad que descubrieron en las ruinas y vestigios del pasado
mediante fuentes fidedignas.
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